Hace 2500 años, el gran Anaximandro de Mileto afirmaba que el mundo nacía del ápeiron, es decir lo indefinido, lo indeterminado, lo que carece de límites, causa de todo nacimiento y destrucción. De este ápeiron, el hombre toma fragmentos y los define, los determina, los nombra, les da significado según las necesidades, lo transforma en el pèras. Pero el pèras no como opuesto en equilibrio al ápeiron sino inscripto dentro de él como una parcialidad definida dentro del universo incognoscible e inconmensurable del ápeiron.
A medida que avanzamos en los tiempos, vemos cómo la voluntad determinista del hombre se hace cada vez más presente. Décadas atrás, la teoría de sistemas pretendió circunscribir la explicación de fenómenos de disitinta índole (nació en la biología pero se extendió como un virus por el resto de las disciplinas) pero en algún momento necesitó de la construcción de la teoría del caos para explicar lo inexplicable desde la lógica racional-determinista. Pero esta vez lo indeterminado no aparece como un universo inconmensurable sino como una parcialidad dentro de lo determinado que aún no puede ser explicado en términos razonables, es lo a-nómalo, lo que no tiene nombre.
La arquitectura siempre osciló dentro de esta dinámica esquizoide, entre lo apolíneo y lo dionisíaco, entre la ciencia y el arte, entre lo expresionista y lo maquínico, entre lo prosaico y lo poético, entre el orden y el caos. Los arquitectos somos médium entre el vacío caótico del abismo y la materia emergente en orden aparente.
Como no puedo escapar a esa voluntad determinista, me enfrento a la necesidad de forjar una definición propia de arquitectura plagada de subjetividad, teniendo claro que mañana puedo llegar a tener otra, incluso contradictoria con la que ensayo hoy. Así me subo a Hegel y a su frase "la verdad es el delirio báquico en el que cada miembro se entrega a la embriaguez".
Me interesa rescatar lo alquímico del proceso de transmutación de la materia en la que ciencia y arte se funden como un todo en el que la voluntad estética se hace presente a cada paso del proceso. Por eso elijo esa palabra que implica más que la mera "actividad" o "disciplina". Poner en texto algo que excede al lenguaje escrito no deja de ser una traición. Alertado de que en el excesivo anhelo de precisión se pierde lo espontáneo, ahí va el intento: la arquitectura es la alquimia de sublimar el pensamiento y la materia inerte en formas espaciales que den cuenta del habitar del hombre en su camino laberíntico por la búsqueda de sentido.

4 comentarios:
Interesante definición!!.
Me inquietó también esa cuestión de cómo decir una definición de la arquitectura con el lenguaje de las palabras. Quizá sea imposible que lleguemos algún día a la definición perfecta o verdadera porque la arquitectura se expresa en otro lenguaje, su propio lenguaje: el arquitectónico. En esto asume su cualidad de arte así como la música, la escultura y la pintura que no pueden ser percibidas a través del lenguaje escrito en su totalidad. Pero también su cualidad tectónica y espacial que es inexpresable en palabras.
Esto me lleva a pensar que quizás la definición de arquitectura no pueda expresarse en la palabra, sino en la observación y el sentir de la obra arquitectónica.
O tal vez la arquitectura puede ser expresada como un silencio o un vacío en la página. Un silencio que plantee el vacío de reflexión acerca de la arquitectura en sí misma.
Mott
Grosso Mott, por eso hablaba de la traición, igualmente pienso que así como no se puede definir la esencia de la matemática en una fórmula artimética, tampoco se puede definir la esencia de la arquitectura en una obra arquitectónica, le acabo de robar un poquito a Martin Hache.
Absolutamente de acuerdo con vosotros caballeros!
Es probable que "arquitectura" se re-defina constantemente. No se si vale la pena discutir cual sea la definición mas perfecta... Creo que se precisa y re alimenta en el hacer, y como dice Mott, por medio de su propio lenguaje. Hay que hacer. En la acción esta la verdadera definición de la arquitectura. Es nuestro modo de decir. Definir fuera de sus parámetros intrínsecos petrifica su sentido y su significación. Si eso pasa, se desvincula de aquello que la arquitectura refleja (el ser) y queda obsoleta.
Mas allá de lo que dije, ahora me contradigo =) Creo igualmente q es necesario asumir el riesgo de quedar atrapado en el lenguaje de las palabras, y definirla impertinentemente. Ese aporte, repetido y sedimentario, en el tiempo, va haciendo posible la trasmisión y a partir de ahí el constante cambio.
Conociendo los riesgos, hago mi aporte, sumo mi granito de arena, para que vaya sedimentando en este colectivo:
Arquitectura es hecho materio-intelectual ¿¿what?!? capaz de expresar intensivamente al espacio en su condición extensiva, en su condición de todo... Y ahí ya hay trampa: "TODO" es un concepto vacío por su cualidad de inestable, conjunto indeterminado y por lo tanto inexistente.
Pppucha!
MecH
Por lo pronto, puedo aportar la definicion que da Ambrose Bierce de arquitecto:
"El que traza los planos de nuestra casa y planea la ruina de nuestras finanzas"
...qué vigencia, la pucha!
Rasputín
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